Los últimos moriscos de Villanueva del Río Segura (1613)

Tras la "Pragmática Real" de los Reyes Católicos de 1502, por la que se insta a los mudéjares de nuestro lugar a convertirse o exiliarse, se produce una serie de documentación religiosa encaminada a catequizarlos, bien de forma tolerante como la empleada por el Arzobispo Fray Hernando de Talavera usando una lengua árabe para ello, bien empleando métodos expeditivos después de la muerte de la reina Isabel por parte del Cardenal Cisneros que desembocan en conversiones masivas forzosas o en la quema pública de libros árabes.

Se acentúa la segregación social de los moriscos, que en nuestro pueblo se manifiesta de manera más somera, en un proceso de aculturación religiosa relativa pues tanto a la Orden de Santiago como la incipiente oligarquía no estaban interesadas en la expulsión ya que suponían una fuente de ingresos insustituible en un período de decadencia demográfica a principios del S.XVII y último reducto islámico en España.

Sin embargo los Informes y Memoriales elevados al Emperador Carlos, más preocupado por la política imperial europea que por solucionar definitivamente este problema, determinaron "quitar la lengua, el hábito y baños moriscos, que no usasen las zambras ni la alheña en manos y cabezas de mujeres, que no usasen el matrimonio ni los sobrenombres moros....

En el Sínodo de Guadix y en el Concilio de Granada, se recoge el espíritu renovador de Trento, que en Villanueva se traduce en el cambio de advocación de nuestra Parroquia, en adelante dedicada a la Virgen de la Asunción , sin duda promovida por la Orden de Santiago y por la fuerte inmigración de cristianos viejos que desde 1565, proceden de Murcia, debiendo los moriscos aprender en tres años la lengua castellana, vestirse de forma idéntica que los aludidos cristianos y además, se les prohíbe cualquier tipo de baño público y poseer esclavos negros, costumbres arraigadas al igual que el cultivo de la morera, muy extendido en todo el Valle pues competía con la granadina, en declive a finales del S. XVI .

La problemática se agrava con la presencia en la costa murciana de piratas y corsarios berberiscos que apoyaban y alentaban las sublevaciones moriscas desde el reinado de Felipe II, por lo que su hijo Felipe III, paradojas de la historia, pues fue curado por un médico de esta etnia llamado Jerónimo Pachet cuando era niño, determinó la expulsión de los moriscos del Valle y de Villanueva el 19-X-1613 en un Edicto firmado en Ventosilla (Burgos).

Nuestro Concejo contaba con 436 vecinos, 371 moriscos y 65 cristianos viejos, el más poblado después de Blanca que apenas sí contaba con 4 cristianos viejos y otras villas como Ulea, sólo tenía uno.

Se les denigraba en todos los ámbitos acusándoles de indolencia, excesiva sensualidad y bullicio exagerado pues empleaban en sus zambras "gaytas, sonajas, adufes y panderos" durante la noche , así como de falsos cristianos llegando a oídos del rey, que en 1611 les reprochaba: "Y ahora se ha sabido por muy ciertas vías que algunos de ellos y particularmente los del Val de Ricote QUE ESTÁN SEPARADOS DE CRISTIANOS VIEJOS, proceden escandalosamente contra el servicio de Dios y mío y de los pocos cristianos viejos que habitan en dichos lugares, mostrando en ello dañada intención".

A pesar de la aversión que sentían hacia estos cristianos, numerosos en Villanueva, nuestro cura asegura en la crónica que "cumplían bien" en lo religioso, produciéndose muy a su pesar algún matrimonio aislado entre ambas comunidades, siendo la endogamia muy acusada por lo que se generó una enfermedad típica en el Valle, denominada porfiria, que todavía subsiste.

Además de la agricultura, la artesanía y el comercio eran sus principales actividades y pudo existir una elite intelectual que desarrolló la medicina, la literatura, pues se han descubierto unos manuscritos en lengua romance pero escritos en grafías árabes, que demuestran la comunicación con los moriscos de Aragón y Valencia a finales del S. XVI, estos manuscritos se llaman "aljamiados" son escasos porque estaba prohibido el uso de la lengua árabe, que sin duda, la usaban en temas religiosos, por lo que el cura de Villanueva también relata que "estaba encontradísimo con ellos" pues no respetaban los domingos ya que trabajaban ese día, "bebían vino y comían tocino" lo que prueba el desgaste de su pasado islámico.

Pero ¿cuál fue o fueron las causas de la expulsión?. La respuesta no es sencilla, pero los intereses económicos de una incipiente oligarquía cristiana en Villanueva jugó un gran papel, superior en número e importancia a las otras villas del Valle, que vio la posibilidad de enriquecerse rápidamente en un período crítico en toda España casi gratuitamente. También influyó la inoperancia de la Orden de Santiago, cuyo poder medieval se había debilitado y sobre todo, la influencia de algunos hombres de iglesia como el padre Belda o Fray Marcos Guadalajara en la Corte.

Así el 19-10-1613, Felipe III firmó en Ventosilla (Burgos) el Edicto de expulsión de nuestros moriscos dirigido al conde de Salazar donde expresaba que "he resuelto con mucho acuerdo y consideración que sean expelidos todos los moriscos mudéjares tanto hombres como mujeres, que viven y residen en los lugares del dicho Val de Ricote, al tiempo que le remitía al Príncipe Filiberto de Saboya, como General de la Mar, la orden de enviar a Cartagena las galeras que fuesen precisas.

Para ello entró en Villanueva el capitán Juan del Corral y su compañía a primeros de diciembre de 1613 una vez hecho público en la plaza el edicto de expulsión sin duda ayudado con delaciones por cristianos viejos.

Cuando se enteraron los moriscos, ofrecieron una escena desgarradora con llantos, procesiones y disciplinas de todo tipo para demostrar la fe cristiana, expresando que querían morir en la tierra de sus antepasados, donde ellos nacieron. La caravana de maniatados y presos, que dejaron forzosamente sus casas y sus huertas se dirigió a Murcia y de ahí a Cartagena para embarcar con destino a Nápoles Génova, Argel y otras plazas del Norte de África, custodiados por el tercio de Lombardía como bien ha estudiado Govert Westerweld, quien opina que muchos de ellos volvieron al Valle entre 1614-1654, basándose en la reconstrucción de sus genealogías. Las consecuencias negativas de este hecho para nuestro pueblo están claras, pues finalizó un período de bonanza económica al abandonarse prácticamente la producción agrícola por falta de mano de obra especializada, una pérdida cultural que por suerte, hoy todavía podemos atisbarla, una decadencia demográfica acompañada de subida de precios, hechos calificados pro la historiografía de "tristes y absurdos", pues no sólo afectó a inocentes por su nacimiento, sino a bautizados conversos al cristianismo.

Fernándo Rodríguez Soler

Cronista Oficial de Villanueva del Río Segura

 

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